(...) La primera idea se me ocurrió a principios de la década de los setenta, a propósito de un sueño esclarecedor que tuve después de cinco años de vivir en Barcelona. Soñé que asistía mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía hace tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con severidad que para mí se había acabado la fiesta. "Eres el único que no puede irse", me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos (...)
(Prólogo)Porqué doce,
porqué cuentos
y porqué peregrinos.
Gabriel García Márquez.
Risas, conversaciones, libros, globos, taldos, café, The Beatles, chocolate. Vestidos, tiempo, serendipiti, zapatos, manjar, caminar, confesiones, música, películas, hermanos-amigos-familia.